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|  | Simón Bolívar. (En off)  Vencedores de Carache, saben, el pueblo que vienen a rescatar es tan digno de vuestros heroicos sacrificios, que todo él está lidiando por la libertad o padeciendo por ella; hasta el sexo bello, las delicias del género humano, nuestras amazonas han combatido contra los tiranos de San Carlos, con un valor divino, aunque sin suceso. Los monstruos y tigres de España han colmado la medida de la cobardía de su nación, han dirigido las infames armas contra los cándidos y femeninos pechos de nuestras beldades, han derramado su sangre; han hecho expirar a muchas de ellas, y las han cargado de cadenas, porque concibieron el sublime designio de libertad a su dorada patria Las mujeres, sí soldados, las mujeres del país que estáis pisando combaten contra los opresores, y nos disputan la gloria de vencerlos! todo hombre será soldado, puesto que las mujeres se han convertido en GUERRERAS, y cada soldado será un héroe por salvar pueblos que prefieren la libertad a la vida. A nombre de la Patria, soldados, yo os congratuló y os encarezco la gratitud que Venezuela os debe. (Proclama a los soldados del Ejército Libertador de Venezuela, Cuartel General de Trujillo 22 de junio de 1813). La mujer la mujer nuestros antepasados la consideraban inferior al hombre, y nosotros la consideramos nuestra igual unos y otros estamos grandemente equivocados, porque la mujer nos es muy superior Dios la ha dotado de gran perspicacia y sensibilidad, y ha puesto en su corazón fibras delicadísimas, cuerdas muy sensibles a todo lo noble y elevado. El patriotismo, la admiración y el amor hacen vibrar esas cuerdas, y de ahí resultan la caridad, la abnegación y el sacrificio ante cuya caridad y abnegación me descubro con respeto, no habrían podido realizar el milagro que han hecho y que todos palpamos. Henchidas por dos sentimientos a cual más noble y elevado, la caridad y el patriotismo, han vestido al desnudo, saciado al hambriento, aliviado al adolorido y fortalecido al falleciente. Los patriotas se han comportado a maravilla, pero este era su deber. Pero sobre todo esto brilla el caluroso sentimiento patriótico de las señoras, con el cual han devuelto a un montón de hombres descorazonados y vacilantes su antiguo brío, su impetuoso valor y sus muertas energías; y todavía más: les han devuelto la fe. Sin este milagro los españoles nos habrían arreado como a un rebaño de corderos. Pero no sucederá eso: una causa que cuenta con tales sostenes, es incontrastable, y un ejército impulsado por tales estímulos, es invencible (En el campamento de Aposentos de Tasco en Colombia le escribió estas lineas a Doña Juana Velasco de Tunja. Julio de 1819)
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